lunes, 29 de octubre de 2012

Escribo, borro, escribo, borro, escribo. ¿Para quién escribo? ¿escribo para mí? ¿para que me escuchen? ¿para escapar, esconderme o simplemente expresarme? Cada línea que borro, aumenta el volumen de la música, repitiendo una y otra vez la misma canción.
Se escuchan gritos, una sola voz, las miradas se enfocan en un punto fijo, vació, se percibe la desesperación pero nadie hace nada.
Noche tras noche, el mundo se desmorona, las personas caminan juntas pero no unidas, parecen enemigos en una guerra de orgullos, no buscan paz, alimentan odio. El fuego se desata y el incendio crece, se queman, quieren gritan pero no tienen voz. Corren veloces, desesperados quieren escaparse pero las llamas los alcanzan y todo vuelve a repetirse, así como en las madrugadas, la música se apodera de mí y no me deja gritar.

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