Pero la luz se asoma por la ventana, y ya no somos uno. Las piernas se desenredan, los brazos se sueltan, la piel ya no arde, hace frío. Abrimos los ojos. Los ramones ya no suenan en el estéreo, nos miramos y con una simple mueca nos decimos "hola". Me visto. Él prepara el café, lo alcanzo en la cocina y me espera
sentado con las tazas sobre la mesa. Desayunamos. Termina de arreglarse, agarra las llaves, los cascos y dejamos la casa. Enciende la moto, yo me paro a un costado y lo saludo con un beso, nos besamos. Toma la autopista a toda velocidad, sin frenar aquel día de agosto; no volvió mas.
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